miércoles, 5 de diciembre de 2018

Educación Justicialista



     LA EDUCACIÓN EN TIEMPOS PERONISTAS. 





Durante todo el período peronista fue creciendo su preocupación por desarrollar un sistema de educación privado, independiente del gobierno.


Los nacionalistas católicos participaron de logias como el Grupo de Oficiales Unidos (GOU), en el que se comenzó a gestar el poder de Perón, y luego se volcaron al justicialismo. En su imaginario la Argentina blanca e hispánica debía expandirse y la educación imbuir a la población de la esencia de lo nacional.

Los nacionalistas católicos conspiraban en torno del poder; además habían desarrollado un trabajo de base amplio, que incluía experiencias educativas en organizaciones civiles como la Liga Patriótica Argentina. Aspiraban a controlar el sistema de instrucción pública y ocuparon lugares importantes en el área de educación.

Una profunda fractura dividía los discursos políticos pedagógicos de los dos grandes movimientos nacionales, el radicalismo y el peronismo; los socialistas habían acentuado sus componentes liberales. Junto con los radicales y los demócratas progresistas formaban un bloque con mucha influencia en la docencia, que defendía la educación estatal, laica, obligatoria y gratuita y la reforma universitaria.

Los educadores escolanovistas que eran socialistas como Delia Etcheverry, demócratas progresistas como Olga y Leticia Cossettini, radicales como Antonio Sobral y otros, vinculados al Partido Comunista, como Luis Iglesias, se alinearon en la defensa de los principios educativos liberales contra el avance del nacionalismo, identificando peronismo con fascismo, sin comprender su raigambre popular y sus posibilidades democráticas. El gobierno peronista no intentó atraerlos, sino que se dedicó a perseguirlos.
El peronismo heredó del régimen instalado en 1.943 funcionarios ultranacionalistas que querían imprimir a la escuela el carácter de un regimiento; por eso chocó con la irreductible oposición del espectro liberal. Pero las demandas que debía atender provenían de un espacio mucho más amplio que las fuerzas políticas organizadas.

Mucha gente quería aprender oficios, capacitarse como operaria o empleada y cursar carreras técnicas. Las mujeres querían estudiar, los empresarios reclamaban personal más capacitado, los inmigrantes del interior que llegaban a Buenos Aires necesitaban atención educacional. La cultura elitista instalada en las instituciones y en los medios de comunicación era distinta del espíritu nacionalista y popular de los trabajadores peronistas y de Perón y Evita. El sistema educativo argentino vivía una crisis de crecimiento.

El peronismo estaba enfrentado con los liberales y con la izquierda, y, en el poder educativo avanzó el nacionalismo católico. Ocuparon lugares de cierta importancia profesores provenientes de terciarios y de universidades del interior y algunos intelectuales autodidactas que habían sido rechazados por el academicismo universitario.

Algunos normalistas formados en las ideas de la Escuela Nueva coincidieron en la postura antirracionalista y antipositivista del peronismo. Los cargos políticos del sistema fueron cubiertos por funcionarios vinculados con el régimen de 1.943. Eran, como siempre, médicos, abogados y, a veces, militares, que ahora coincidían en el nacionalismo católico. Aunque no entendían de la misma manera el problema de la participación popular y tenían distintas concepciones pedagógicas.

El primer ministro de Educación fue el jurista Belisario Gache Pirán, quien consideraba que la justicia social se debía ejercer mediante la educación humanística, desde una doctrina antimaterialista, antitotalitaria y antirracionalista dirigida al hombre concreto. Era enemigo del positivismo y proponía que la educación estimulara el espíritu de iniciativa, la capacidad creadora y el sentido de justicia social.
De esa manera se avanzaría hacia la superación de lo que el liberalismo no pudo sobrepasar. El segundo fue Oscar Ivanissevich, un exaltado cirujano ultranacionalista. Un tiempo antes había renunciado a su cátedra universitaria jurando no regresar mientras un solo estudiante formara parte del gobierno universitario. Lo hizo como interventor de la Universidad de Buenos Aires durante la gestión de Gache Pirán. Abiertamente profascistas, Ivanissevich impulsó tanto desde las UBA como desde el ministerio una política oscurantista, con contenidos enciclopédicos y elitistas. El tercer ministro de Educación del peronismo fue Armando Méndez San Martín, quien se ubicaba más en el centro del espectro político y acompañó el proceso de ruptura de relaciones entre Perón y la Iglesia Católica, en los últimos años del segundo gobierno.

Algunos funcionarios se destacaron como, Jorge Pedro Arizaga que fue secretario de Educación durante la gestión de Gache Pirán. Se trataba de un docente de carrera, espiritualista, conocedor y adherente del escolanovismo, con fuertes críticas al positivismo. Diseñó una reforma del sistema escolar que introducía criterios nacionalistas democráticos y daba mucha importancia a la educación práctica. Arizaga relacionaba la enseñanza con el medio social y con el desarrollo económico, pero también destacaba la educación humanística.
Por su parte, Miguel Mordeglia, fue médico patólogo nombrado presidente del Consejo Nacional de Educación, organismo clausurado durante la gestión de Ivanissevich. Mordeglia era un socialcristiano con intereses nacionales.
Juan Emilio Cassani y Hugo Calzetti fueron los pedagogos del régimen. Cassani tenía una larga carrera en la docencia secundaria y universitaria. 


UN PLAN NACIONALISTA POPULAR:

Las reformas más importantes al sistema educativo fueron realizadas durante el primer gobierno peronista y se fundamentaron en los principios del Primer Plan Quinquenal. El plan destaca la búsqueda de una filosofía educacional que equilibre materialismo e idealismo y que haga compatible el principio de democratización de la enseñanza, entendiéndola como un patrimonio igual para todos, con la creación de una modalidad de compensación para quienes no han tenido las oportunidades de educación que otros poseen. Establece que debe haber enseñanza práctica y profesional en el nivel medio.

Jorge Pedro Arizaga, probablemente el autor de educación del Primer Plan Quinquenal, presentó en 1.947 un informe según el cual de 773.117 ingresantes a 1º grado en 1.937, 107.565 llegaron en 1.943 a 6º grado, es decir que habían desertado 66.552, el 86%. Había 13.000 escuelas y 67.000 maestros diseminados por todo el territorio nacional. La opinión oficial fue que los problemas educacionales se debían a las insuficiencias del normalismo positivista y liberal, a la falta de sentido nacional, a la persistencia del enciclopedismo y a defectos en la organización escolar de base positivista. Arizaga elaboró un programa para reformar el sistema, basado en el Plan Quinquenal.

Arizaga trató de dar respuesta a los grandes problemas pedagógicos históricamente no resueltos. Intentaba condensar en una propuesta pedagógica la educación del espíritu, la instrucción para el trabajo, la vinculación con la realidad circundante y la formación del hombre para la Nación. Quería el equilibrio entre materialismo e idealismo y la equidistancia entre los extremos, apoyándose en los principios del plan y en las palabras de Perón.

Intentaba alejarse del nacionalismo católico y del liberalismo normalizador. Se enfrentaba con el enciclopedismo academicista y ultranacionalista de funcionarios como Ivanissevich; pretendía formar en el niño la inteligencia práctica, sin dejar de enseñarle el dominio de las normas, los sentimientos y la voluntad de superación moral, dentro de una concepción argentina del mundo y de la vida; los planes y programas tendrían como principio básico organizador el idioma y la historia nacionales. Arizaga incluía la educación moral y religiosa, porque consideraba que el hombre no puede vivir de la razón y que los niños necesitan sentir la religión por contagio, por la emoción sugerente, por la incitación a la imaginación.

El factor considerado más eficiente para lograr que la escuela tenga activa participación en la vida social, era el trabajo. Este era entendido integralmente y no sólo como adiestramiento. Por esa razón la reforma introducía formas de preaprendizaje general que no llegaban a orientar al alumno hacia una profesión u oficio, sino que le permitían ejercitar el trabajo manual paralelamente al intelectual durante el ciclo elemental. El nuevo plan contemplaba una enseñanza primaria formada por un primer ciclo optativo preescolar de dos años (4 y 5 años de edad); un segundo ciclo obligatorio de cinco años (6 a 11 años de edad); un tercer ciclo también obligatorio de dos años (12 a 14 años de edad); llamado de preaprendizaje general, con cultural general. Ese último ciclo se componía de cursos mixtos y cursos separados para varones y niñas. El preaprendizaje atendía a la urgencia de formar obreros con nivel de oficiales para todas las especialidades, incluyendo el manejo de herramientas para oficios y prácticas de huertas y granjas experimentales, manufactureras y comerciales.

La reforma mantenía también bachilleratos clásicos, con un ciclo mínimo de cinco años, tres de conocimientos generales- semejante al que estaba en vigencia- y luego dos de capacitación en artes y oficios. Se ingresaba previa acreditación de aptitudes mediante las calificaciones obtenidas en la primaria; el ciclo era gratuito solamente para quienes demostrasen su imposibilidad de pagarlo. Las calificaciones obtenidas en la secundaria eran requisito para optar por el ingreso a la universidad. Después de cinco años de especialización los maestros de primaria podían optar por ingresar a dos modalidades de enseñanza superior no universitaria: el magisterio primario y el profesorado secundario, ambas de dos años y con acceso a la universidad.

Otra modalidad introducida por Arizaga la constituyen las escuelas técnicas de capacitación (un año de estudios), las de perfeccionamiento (dos años) y las de especialización (tres años), que constituían niveles sucesivos que a su  vez proporcionaban títulos habilitantes de creciente grado de capacitación. Para el ingreso a las escuelas de capacitación era necesario poseer certificado de estudios primarios y para los otros dos ciclos, de estudios secundarios.

Los certificados podían sustituirse presentándose s una prueba especial. Esta última posibilidad implicaba un principio democrático fundamental porque permitía la equiparación de gente proveniente de niveles sociales distintos, eliminada por el sistema o que no había tenido la oportunidad de cursar estudios regulares con anterioridad, y legitimaba los conocimientos obtenidos por otras vías, especialmente la práctica laboral.

La educación técnica era gratuita para todo obrero, artesano o empleado que viviera de su trabajo. Los profesores debían poseer títulos que acreditasen su competencia y además debían haber ejercido su trabajo en alguna de las tres funciones mencionadas. Todas las empresas estaban en obligación de cooperar con becas para los tres grados de la enseñanza técnica.

La propuesta de Arizaga completaba la resolución del Primer Plan Quinquenal que establecía la reforma del viejo Consejo Nacional de Educación, transformándolo en una subsecretaría de la cual dependían tres secciones: enseñanza primaria, media y técnica. Esta separación ente media y técnica ubicaba finalmente a la educación laboral, después de tantos intentos fallidos durante décadas, dentro de las responsabilidades del sistema educativo oficial.

Pero la reforma de Arizaga tuvo corta vida. El sistema del bachillerato clásico fundada por Mitre, resistió y continuó intacto, sin que el trabajo, como concepto y como elemento curricular, fuera introducido en su impenetrable trama. La capacitación laboral quedaría organizada en otro paquete académico y curricular. Una brecha entre distintas concepciones del sujeto de la educación argentina atravesaría el cuerpo de la educación media peronista.  El tronco central, la primaria y media clásicas, seguiría regido por una concepción oscilante entre el practicismo didáctico escolanovista y el espiritualismo teoricista.

Un discurso político educativo incorpora algunos elementos nuevos. Si bien el sistema creció sin que se modificara la estructura tradicional, hubo algunos cambios importantes. Desde fines del siglo XIX, la discriminación educativa se había producido en forma piramidal; el desgranamiento tenía una alta correlación con las características sociales y culturales de los sujetos sociales que demandaban educación. Imperceptibles mecanismos de discriminación iban separando socialmente a los desertores de los concurrentes, a los “buenos alumnos” de los inadaptados, al bien educados de los mal educados. La reforma del primer gobierno peronista pretendía erradicar la discriminación. Por un lado, se daba una respuesta sin precedentes por su magnitud a la demanda de educación de los sectores populares. Pero por otro, se les diseñabas una zona especial del sistema, separada del tronco clásico mitrista (bachillerato-universidad) por reglamentaciones y requerimientos.

En cuanto a la educación superior universitaria, el Plan Quinquenal establecía que sería gratuita y exigía calificaciones suficientes en el secundario para acceder a ella. La universidad dependería de un organismo del ministerio y estaría gobernada por un Consejo Universitario formado de la siguiente manera:
©           Un rector nombrado por el P.E.N.  con el acuerdo del Senado de la Nación.
©        Dos consejeros designados por el rector y dos elegidos por y entre los profesores de cada facultad.
©         Un decano o vicedecano de cada facultad elegido por los consejeros de ese mismo organismo.
©      Tres consejeros designados por el rector para cada facultad, tres elegidos por los profesores y tres elegidos entre los alumnos de más altas calificaciones.

En cuanto al cuerpo docente, habría profesores extraordinarios plenos, extraordinarios y titulares. Estos últimos ingresarían por oposición pública y su cargo, remunerado dignamente, sería incompatible con cualquier otra función. Los alumnos serían regulares o libres. Se formaría un fondo de becas para estudiantes necesitados mediante aportes del Estado y un impuesto del 0,5 % sobre sueldos y salarios.

En suma, algunas observaciones que se destacan de esta primera reforma peronista son:
  • Ø  La orientación práctica y/o la educación técnica y profesional consiguen un lugar importante dentro de la estructura del ministerio, aunque no afectan el circuito clásico.

  • Ø  Llama la atención que no se incluya la gratuidad en el nivel secundario, en tanto se lo hace en el nivel primario y la universidad. Alguna hipótesis de esta decisión podría haber sido que, se consideraba que el nivel medio debía ser selectivo y que a la universidad debían llegar los mejores estudiantes del país, valorizándose la responsabilidad del Estado en la formación de los intelectuales y profesionales altamente capacitados, para dirigir el despegue hacia el progreso de la Nación. También es posible que se diera especial importancia al aporte empresarial para sostener el nivel medio técnico, que serviría a la capacitación de recursos humanos, inmediato interés de ese sector. O, también es posible que, la gratuidad de la universidad haya sido una medida tomada con el objetivo de calmar los ánimos ante la decisión de quitarle la autonomía.
  • Ø  Una contradicción entre la concepción elitista del interventor Ivanissevich y la gratuidad de la educación universitaria enunciada como una medida tendiente a la democratización. En el Plan de Gobierno 1.947-1951 se establece como lema: Popularizar la universidad y difundir la cultura universitaria.

El Primer Plan Quinquenal consideraba problema de Estado la promoción y el enriquecimiento de la cultura nacional. Preveía dos vías principales para la acción cultural: por la enseñanza y por la tradición. La primera se desarrollaría a través de las escuelas, los colegios, las universidades, los conservatorios, las escuelas de artes, los centros científicos y los centros de perfeccionamiento técnico. La segunda, mediante el folklore, la danza, las efemérides patrias, la religión, la poesía popular, la familia, la historia y los idiomas.

El Estado fomentaría centros de difusión de las bellas artes y las ciencias, conferencias, teatro, letras, publicaciones, radio; centros de investigación científica, literaria, histórica, filosófica, filológica, artística, etnológica; academias de ciencias, de artes, de letras, de lengua y de historia; centros de estudios en folklore, lenguas autóctonas, danzas nativas, creencias religiosas, literatura popular y tradiciones familiares regionales. Se daba relevancia también al Instituto de Estudios Hispánicos.

Las ideas pedagógicas del Primer Plan Quinquenal reflejaban una tendencia del nacionalismo popular que, arrancada de la obra del pedagogo cordobés Saúl Taborda, había sido recogida por Arizaga. Esa concepción era compartida por el radical Antonio Sobral y estaba muy cerca de la sostenida por los escolanovistas democráticos. El choque de Arizaga con los sectores oscurantistas que estaban en el gobierno era inevitable.





REFORMAS INTRODUCIDAS


OTROS DATOS IMPORTANTES:
Durante su primer gobierno se crearon escuelas, incluyendo técnicas y para adultos, y se becó a los alumnos pobres. Las escuelas contaban con comedores escolares. La educación religiosa se impartió en las escuelas tanto primarias como secundarias hasta 1954. Su derogación por parte de Perón le creó un grave conflicto con la Iglesia.

La democratización de la que hablamos es referida a la inclusión de todos los niños en la escuela, pero no con respecto a los contenidos educativos ni a la forma de desarrollar las clases, pues esto estaba prolijamente pautado. “Cuadernos para el Maestro Argentino”, publicado por el Ministerio de Educación era un manual de instrucciones al que los maestros debían estrictamente atenerse.

La crítica más repetida por los antiperonistas es que se enseñaba a leer utilizando frases tales como “Evita me ama”. Entre los textos de lectura obligatoria, se incluyó a la muerte de Evita “La razón de mi vida” de contenido autobiográfico.

La Universidad perdió autonomía, quedando bajo la órbita estatal con la sanción de la ley 13.031 de 1947. Esto fue profundizado con la ley 14.297 de 1954. La constitución de 1949 les reconocía una seudo autonomía pues autorizaba que se la limitara por ley. Sin embargo se estimuló la investigación científica.

Se crearon las facultades de Arquitectura y Odontología, Derecho tuvo un nuevo edificio, y se fundó la Universidad Tecnológica.

La educación técnica, siguiendo el pensamiento en pro de la industrialización, fue muy estimulada, creándose escuelas fábrica, y la Universidad Obrera Nacional. El 6 de julio de 1944 se dictó el decreto Nº 17854, por el cual se creó la Dirección Especial de Enseñanza Técnica.

¿Cómo organizó el Estado la enseñanza técnica? 

Hasta 1944 la enseñanza técnica estatal estaba compuesta por las Escuelas de Artes y Oficios y las Escuelas Técnicas de Oficio (destinadas para la formación de obreros calificados). A ellas debemos sumar las Escuelas industriales. Todas estas instituciones quedaron bajo la órbita de la Dirección Genral de Enseñanza Técnica dependiente del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública de la Nación (Ministerio de Educación).

En 1948, todas las escuelas se reorganizaron como Escuelas Industriales de la Nación.
En 1947 se crearon las Misiones Monotécnicas. Con esta oferta se buscaba brindara la población del interior conocimientos prácticos, actividades técnicas y conocimientos en general que ampliaran a los de la escuela primaria. Buscaban impactar positivamente en la reactivación de las economías del interior y evitar el éxodo de la población rural hacia los centros urbanos, promovido por la industrialización.

Entre 1947 y 1955 se llevaron a cabo 70 misiones en 123 localidades de todo el país.
El otro circuito de educación profesional quedó ubicado dentro del ámbito de la Secretaría de Trabajo y Previsión. En 1944 se creó por decreto la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional. La ley establecía que el Estado debía vigilar y dirigir el trabajo y aprendizaje de los menores de 14 a 18 años de edad. Estos fueron divididos en tres grupos:

  • ·         Aprendices: quienes trabajan y asistían a los cursos de capacitación.
  • ·         Menores ayudantes obreros: que trabajan sin asistir a cursos.
  • ·         Menores instruidos: los que terminaron sus cursos de aprendizaje.


El 1° ciclo de la CNAOP lo constituían fundamentalmente las Escuelas Fábricas estatales. Para su ingreso se requería la escolaridad primaria. Cumplían un plan de enseñanza y producción, recibían ayuda escolar y los útiles eran gratuitos. Los estudios duraban tres años y se otorgaba un certificado de experto en la especialidad que se cursara. En 1948 se amplió la oferta al 2° y 3°ciclo. Se accedería al 2° ciclo luego de aprobar el primero o bien habiendo realizado estudios técnicos y de artes y oficios. Para poder ingresar, se debía comprobar la condición obrera del aspirante. El título que se obtenía era el técnico de fábrica en la especialidad elegida. El tercer ciclo lo constituía la Universidad Obrera Nacional.

La Universidad Obrera fue creada por ley del Congreso en 148 e inaugurada en 1953 hasta que en 1959 se convirtió en Universidad Tecnológica Nacional. Perón consideraba que los ingenieros de fábrica eran necesarios porque, en su concepción, el saber estaba fuertemente vinculado con el hacer. “La serie de oposiciones en las cuales se constituyó la política educativa del peronismo: democracia/elitismo, pueblo/oligarquía, descamisados/doctores, saber hacer/saber decir”. 


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